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domingo, 16 de octubre de 2016
Los Dispositivos Electrónicos y la Guerra del COLTÁN
Disfrutando de mi domingo, comencé a leer una novela de Alberto Vázquez Figueroa, "Medusa", y a poco andar me encuentro con esta trama que parece de ficción, pero que, como he comprobado, es tristemente realidad.
Frecuentemente escuchamos sobre la miseria, la explotación infantil, las guerras y todos los males que acosan a los países africanos, como la República Democrática del Congo (RDC), Ruanda, Uganda, Burundi y todos sus vecinos. Lo que no se nos dice, sin embargo, es el sucio secreto que se esconde tras de esto.
Pues a cada momento, sin saberlo, ayudamos a que esta dramática situación se mantenga. Si. Porque el elemento primordial para los avances tecnológicos para los dispositivos, como nuestros celulares y PCs que tanto amamos, es el COLTÁN, del que, ¡oh, sorpresa! RDC es poseedor del 80% del mineral mundial.
En los primeros capítulos de su libro, Vázquez Figueroa cita algún texto que el protagonista encuentra sobre el tema, sobre todo hablando de los niños que trabajan esclavizados bajo tierra para extraer, piedra a piedra, el preciado mineral del que su sangrante tierra no recibe ningún beneficio.
Cito:(1)
"El mundo avanza a tal velocidad que amenaza con regresar a sus orígenes. Al ver a unos infelices muchachos, la mayoría niños, trabajar doce horas diarias en unos yacimientos que cuando menos se espera se desplomarán sobre sus cabezas ahorrando a sus explotadores el trabajo de enterrarlos, no cabe por menos que preguntarse qué hemos hecho tan rematadamente mal para que nuestro futuro esté en sus manos.
Cuando el presidente de una multinacional envía un mensaje ordenando que se realice una transferencia por Internet, lo envía gracias al esfuerzo de esos niños. Cuando el piloto de un avión confía en su GPS a la hora de conducir a trescientos pasajeros a la seguridad de un aeropuerto perdido en una diminuta isla, lo consigue gracias al esfuerzo de esos niños. Cuando un sofisticado satélite observa la Tierra enviando información sobre la dirección y la fuerza de un huracán, guarda su posición en el espacio gracias al esfuerzo de esos niños.
En la actualidad cuatro mil millones de seres humanos, es decir, más de la mitad de los habitantes del planeta, depende de un modo u otro de un puñado de críos hambrientos. Dentro de unos años la humanidad no será capaz de desenvolverse sin ellos. Los medios más rudimentarios, palos, troncos, picos, palas, escoplos, martillos y unas manos que no han tenido tiempo de aprender a escribir, constituyen la base sobre la que se asienta la fabulosa tecnología punta del orgulloso siglo XXI.
¿Cómo se explica?
¿Acaso hemos sido tan inconscientes como para no darnos cuenta de que corremos ciegamente hacia el abismo?
Hace poco más de treinta años alguien, nadie sabe exactamente quién, comprendió que un metal casi desconocido, el TANTALIO, poseía propiedades físico-químicas casi mágicas, puesto que era mucho mejor conductor de la electricidad y el calor que el cobre, a la par que dúctil, maleable, de gran dureza, con un alto grado de fusión e inoxidable, ya que tan solo lo ataca un ácido fluorhídrico que apenas existe en la naturaleza.
Pese a que había sido descubierto en 1820 por el sueco Jakob Bercelius, que le dio el nombre en alusión a Tántalo, el hijo de Zeus que entregó la ambrosía de los dioses a los seres humanos, y al que su padre castigó condenándolo a sufrir sed eterna, nunca se le había prestado una especial atención hasta que a la luz de dicho hallazgo los fabricantes de toda clase de aparatos electrónicos encontraron el cielo abierto. Se había dado el pistoletazo de salida a una dura competición en la que lo único que importaba era ganar. Ganar dinero, ganar prestigio, ganar tecnología, ganar cuotas de mercado…
De la noche a la mañana los mostradores se abarrotaron de nuevos productos que atraían a millones de clientes fascinados por la idea de comunicarse con el resto del mundo por medio de un aparato que podían llevar a todas partes y cabía en la palma de la mano. Con el nacimiento del nuevo siglo nacía de igual modo un nuevo concepto en la forma de relacionarse. La carrera se fue acelerando hasta alcanzar un ritmo de vértigo.
La industria armamentista no tardó en comprender que con la naciente tecnología conseguirían que un misil disparado a cientos de kilómetros impactara con precisión milimétrica sobre un blanco determinado, aunque con frecuencia un error humano en el cálculo arrasara un hospital o destruyera un edificio cercano causando cientos de víctimas. Los terroristas tampoco tardaron en comprender que el móvil les serviría para detonar bombas a distancia.
Por si ello no bastara, el ochenta por ciento de las reservas mundiales se localizaban en un solo país, la República Democrática del Congo, y eso venía a significar que el futuro de las nuevas tecnologías que se habían apoderado de la voluntad de los seres humanos se asentaba en un remoto punto del corazón de África. El problema estaba servido.
La República Democrática del Congo debería ser una nación de una prosperidad apabullante, ya que cuenta con la tercera parte de las reservas mundiales de estaño, gran cantidad de uranio, cobalto, petróleo, oro, inmensos bosques y el mayor potencial de energía hidráulica conocido. No obstante, el noventa por ciento de sus habitantes malvive por debajo del umbral de la pobreza, e incluso de la miseria.
Por ello se han convertido en una presa codiciada por las grandes potencias, que han encontrado la forma de despojarlos de sus riquezas provocando un sinfín de guerras disfrazadas de enfrentamientos fronterizos o tribales que han costado la vida a casi cinco millones de seres humanos.
Estados Unidos, Francia, Holanda, Alemania y Bélgica, así como las empresas fabricantes de aparatos de tecnología punta, Alcatel, Compac, Dell, Ericsson, HP, IBM, Lucent, Motorola, Nokia, Siemens, AMD, AVX, Hitachi, Intel, Kemel o NEC, no parecen dispuestas a permitir que sea el gobierno del Congo quien imponga sus precios y decida a quién vende el coltán y a quién no, por lo que se limitan a aplicar el viejo dicho de «a río revuelto ganancia de pescadores».
Su estrategia consiste en sobornar a una falsa disidencia interna para que provoque alborotos al tiempo que incitan a los países vecinos, Uganda, Ruanda y Burundi, a intervenir militarmente y aprovechar la violencia para ir expoliando los yacimientos de forma descarada.
Leonardo da Vinci dejó escrito:
"Se verán sobre la tierra seres que siempre estarán luchando unos contra otros con grandes pérdidas y frecuentes muertes entre ambos bandos. Su malicia no tendrá límites. Con su fortaleza corporal derribarán los árboles de las selvas. Cuando se sientan hartos de alimentos, su acción de gracias consistirá en repartir muerte, aflicción, sufrimiento, terror y el destierro a toda criatura viviente. Su ilimitado orgullo les llevará a desear encumbrarse hasta el cielo, pero el excesivo peso de sus miembros les mantendrá aquí abajo. Nada de lo que existe sobre la Tierra, debajo de ella o en las aguas quedará sin ser perseguido o molestado y lo que existe en un país será traspasado a otro".
Y en otra de sus notas asegura:
"Los metales saldrán de oscuras y lóbregas cavernas y pondrán a la raza humana en un estado de gran ansiedad, peligro y confusión… ¡Qué monstruosidad! ¡Cuánto mejor sería para los hombres que los metales volvieran a sus cavernas! Por su causa perderán la vida infinito número de hombres y animales".
Teniendo en cuenta los millones de muertos de esa interminable contienda y observando esas selvas arrasadas y los padecimientos que se reflejan en los rostros de unos muchachos que se saben en continuo peligro, no cabe por menos que preguntarse cómo es posible que hace quinientos años el indiscutible genio de todos los genios tuviera tal capacidad de visión del futuro.
"Pondrán a la raza humana en un estado de gran ansiedad, peligro y confusión".
Ese es exactamente el punto en que nos encontramos ahora: ansiedad por lo incierto del futuro, peligro ante la evidencia de que la sociedad que hemos construido tan chapuceramente puede derrumbarse sobre nuestras cabezas, y confusión frente a unos brutales acontecimientos que nadie se siente capaz de explicar con la suficiente claridad.
Y es que la esencia del demoníaco juego que se plantea en la República Democrática del Congo estriba en que ha sido diseñado con la intención de que nadie consiga ganar, nunca. Ni gobierno, ni hutus, ni tutsis, ni ugandeses, ni ruandeses ni las mismísimas Naciones Unidas que acudieran al rescate.
Es como una kafkiana partida de ajedrez en la que todas las piezas fueran peones que se movieran en las cuatro direcciones con la seguridad de que no existe rey, ni reina, ni posibilidad alguna de dar jaque mate al enemigo. Es la guerra por la guerra, sin perseguir otro objetivo que aquel que han perseguido todas las guerras no religiosas desde la noche de los tiempos: obtener un beneficio ilícito".
Debo decir que mi primera reacción, al comprobar que ese libro de ficción hablaba de un hecho muy real, fue el de deshacerme de mi celular y mi notebook. Pero luego pensé que no es culpa de los dispositivos, ni incluso de nosotros, sino de las maquiavélicas fuerzas(2) que tiran los hilos del poder mundial por mor de acumular más riquezas.
El deshumanizado mundo de los grandes negocios no puede, no debe seguir construyendose sobre la sangre y la miseria de niños, de jovenes seres humanos esclavizados de forma espantosa, que arriesgan su salud y su vida por unos mendrugos lanzados por estos entes devoradores de toda la riqueza a su alcance, en un frenesí que sólo puede calificarse de diabólico.
Mi corazón de Ser Humano no me permite pasar una página más sin denunciar este hecho, publicarlo, ojalá viralizarlo, para realmente hacer lo que está en mi mano para intentar cambiarlo.
Como John Lennon dijo en "Imagine":
"Podrán decir que soy un(a) soñador(a), pero no soy el (la) único(a), y espero que algún día te unas"
* En estos enlaces está la información completa sobre el COLTÁN y un video sobre la guerra de este mineral y las condiciones inhumanas de extracción:
http://www.areatecnologia.com/materiales/coltan.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Colt%C3%A1n
NOTAS
1: "Medusa", Alberto Vazquez Figueroa, 2014.
2: He comentado a mis cercanos hasta el hartazgo sobre mi encuentro con las teorías de conspiración, acerca de los poderes ocultos, en una novela, mal mirada por su secuela cinematográfica de acción, "Los Perros de la Guerra", donde se describen exáctamente las sucias maniobras que realizan los grandes inversores para apoderarse de la riqueza de un país y que son tristemente actuales.
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